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El chocolate representa el 1% de las exportaciones de cacao y derivados

La historia chocolatera de Ecuador es reciente; sin embargo, a criterio de los productores, el país se posiciona cada vez más en los mercados internacionales.

Ecuador es reconocido como uno de los mejores productores de cacao del mundo —los $ 700 millones exportados el año pasado son prueba de tal prestigio—; sin embargo, al chocolate ecuatoriano no le va tan bien en términos de volumen, aun cuando su calidad sea celebrada en diversos mercados.

Paradójico. Los productos obtenidos del legendario cacao fino de aroma exportaron entre el 1% y 2%. Tal vez unas 2.500 toneladas de las 250 mil correspondientes a todo el sector, puntualizó el presidente de la Asociación Nacional de Exportadores (Anecacao), Iván Ontaneda.

La pregunta obvia es por qué. El experto lo resume en una frase: hacer chocolate en Ecuador es sencillo, lo complicado es venderlo.

Limitaciones comerciales, como aranceles del 10% al 30% en algunos mercados, y de costos de materias primas —además del cacao—, acechan a los chocolateros locales.

Según Ontaneda, el 80% del consumo del mundo se concentra en chocolates con leche, pero para Ecuador entrar a ese nicho es difícil todavía, pues la tonelada de leche en polvo cuesta unos $ 5.500, casi $ 2.500 más que en Europa. Algo similar ocurre con el azúcar que se expende, para la industria, en $ 750 la tonelada. En el caso de estos productos, únicamente el 20% corresponde a cacao.

Datos del Banco Central del Ecuador (BCE), dan cuenta de que Ecuador exportó de enero a julio de este año un total $ 927 mil en 2 subpartidas relacionadas a chocolates y demás preparaciones como tabletas y gránulos hechos con cacao, cuyos destinos fueron Colombia, Alemania, Estados Unidos, Japón, Suecia, Holanda, Emiratos Árabes, Qatar, entre otros.

En 2014, se alcanzó un total de $ 3 millones en ventas de elaborados de cacao, pero comparados a la exportación de materia prima, resulta todavía una cifra marginal.

María Gabriela Romero, especialista sectorial de café y cacao de ProEcuador, opinó que las cifras de exportación podrían estar dentro de los parámetros normales, si se considera que el trabajo de promoción, así como la aparición de marcas fuertes de chocolate son recientes, de no más de una década.

¿Será entonces que a la empresa ecuatoriana le resulta difícil aun dar valor agregado a su producto insignia? A criterio de Pedro Hansen, miembro de la Asociación de Chocolateros del Ecuador —organismo que agrupa a empresas locales como Pacari, Caoni y Chocoart—, se trata de un tema de “comodidad”.

Cree que en temas de volumen de exportación, la cifra es “bastante normal” porque resultará siempre más cómodo exportar materia prima que comenzar a industrializar.

Si bien Hansen admitió que los costos de producción son altos debido a los insumos, maquinaria e incluso empaques, aseguró que la chocolatería es un negocio rentable, tanto en Suiza como en Ecuador.

Basado en el precio internacional del cacao, que es de $ 3,16 el kilo, la fórmula del experto es simple: hacer un kilo de chocolate cuesta $ 2,85 en cacao, pero esa misma cantidad de producto terminado puede venderse en el mercado en $ 40. “Son 14 veces más”, señaló, de modo que lo que falta es más esfuerzo.

Un negocio de resistencia

Más allá de producirlo, la promoción del chocolate es uno de los pasos más difíciles y costosos, aseguraron los expertos consultados.

Santiago Peralta, presidente de Pacari, afirmó que la marca ha estado presente en más de 100 ferias mundiales desde su creación en 2002. Cada una puede representar para el productor un desembolso de al menos $ 10 mil; sin embargo, en este negocio la imagen es esencial.

Los 110 premios obtenidos por esta marca, aseguró Peralta, han abonado para cambiar la valoración del cacao y del chocolate ecuatoriano en el mundo.

No es imposible que el país alcance un nuevo estatus, porque esta percepción de calidad ha ido modificando las cifras de exportación e incluso el precio de esta materia prima. “Es un círculo virtuoso en el que el cacao es la locomotora que arrastra también al chocolate”, señaló.

Ahora, agregó, hay un tránsito de chocolate que no se registra como exportación, pero que hace que el producto llegue a distintos países y se promocione, a través de los viajeros. “Yo diría que podría ser al menos medio millón de dólares”, señaló.

Ahora, el resto del trabajo está en manos, no solo del Estado y de políticas que alienten el comercio del producto, sino que también corresponden a los consumidores locales. “Es un tema de identidad y de cultura”, señaló Peralta.

La promoción de este tipo de chocolate en el mercado nacional es urgente. De acuerdo con el principal de Anecacao, el consumo per cápita de chocolate en Suiza es de 13 kilos por año, “y en Ecuador no llegamos ni a medio kilo”, la mayoría sucedáneos, esto es, productos elaborados con manteca vegetal y saborizantes.

La semana pasada se realizó en Guayaquil la III Cumbre Mundial del Cacao. El evento sirvió de vitrina tanto para los productores grandes y conocidos, como para quienes apenas comienzan en el negocio.

“Nosotros tenemos bien clara la película”, señaló Carlos Vera, propietario de cacao gourmet Theo’s. “Esto no es rápido, es un negocio de resistencia”, añadió.

Su pequeña empresa, ubicada en Chone (Manabí), tiene 11 productos, incluidos tabletas de chocolate y licores de cacao. En 3 años ha invertido unos $ 25 mil en equipos e insumos, ahora, espera el momento oportuno para acceder a un crédito de la Corporación Financiera Nacional (CFN). Su objetivo, al igual que el de muchos, es exportar.

“Primero tenemos que hacer conocida nuestra marca, no al revés como muchos, que primero invierten, montan una planta y después ven si el producto pega”, dijo.

Un ejercicio similar ha hecho Ana María Sánchez, propietaria de la empresa de chocolates Be Cocoa, con sede en Quito. Ella señaló que instalar una planta completa para elaborar chocolates le costaría al menos $ 1 millón. Por ahora trabaja con una inversión de $ 100 mil en algunos equipos semindustriales. El acabado de sus productos, de tipo gourmet, todavía es artesanal, y otros procesos se maquilan en plantas locales.
Para Santiago Peralta, se trata de una decisión bastante “sabia”, pues hay que tener en claro que hacer una marca y vender chocolate es “duro”. Una opción planteada es el uso de la capacidad instalada de las fábricas locales, maquilar y “analizar cómo se vende la marca”, antes de invertir grandes cantidades de dinero.

En general, mejorar las cifras de exportación corresponde al productor y también a políticas gubernamentales que aligeren la carga de los costos de producción e incluso del transporte que resultan altos debido a que muchos envíos son pequeños. Ontaneda sugirió buscar acuerdos comerciales con EE.UU., Australia, China y otros países asiáticos.

Ahora, para Peralta, el problema en Ecuador es que hemos sido “perezosos para innovar”. “El secreto es encontrar novedad y para eso hay que pensar más”.

Fuente: Diario El Telégrafo

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